Pero esta vez no llegaron los cabezazos salvadores en los últimos minutos del pequeño Franco Niell, ni los geniales malabares del negrito Marco Pérez para abrazarse a la gloria de la permanencia. Todo el despliegue de Guillermo -un gladiador hasta el suspiro fina--, y del grupo de pibes, que tuvieron que madurar de golpe por imperio de las circunstancias, fueron en vano. La alegría se fue lejos, hasta San Juan y toda la tristeza se quedó aquí, apretada en las tribunas de azul y blanco.
De aquella fatídica tarde de agosto de 1979 quedó la sensación de injusticia por haber tenido que jugar Gimnasia un cuadrangular en el que sólo seguiría en Primera quien encabezara las posiciones, método jamás repetido en el fútbol argentino.De esta queda la sensación de impotencia al quedar plenamente demostrado que las cosas se hicieron muy mal desde mucho tiempo a esta parte y que el culpable del empujón no fue San Martín de San Juan, sino los múltiples desaciertos de las conducciones que tuvo el club en los últimos años.
"Si es necesario dar un paso para atrás que sirva como envión para después encarar dos para adelante, deberemos aceptarlo", había dicho -palabras más, palabras menos-, a principios de año el Mellizo cuando decidió volver a Gimnasia. Ese puede ser el punto de partida para tener en cuenta al ponerse manos al operativo retorno.
Más allá de todo, hay, entre aquella tarde de Villa Crespo y la fría jornada de este jueves de junio, algo que se mantiene intacto: el impresionante fervor que le aportan los hinchas triperos.
En homenaje a ese permanente acompañamiento, que no sabe de distancias ni de momentos más o menos exitosos, deberá asumirse el compromiso de devolver a Gimnasia al lugar donde debe estar.
Me parece que debemos recordar este descenso como una derrota institucional en todo sentido para no volver a repetir los mismos errores.TUVE LA POSIBILIDAD VIVIR CON LA RAZON
PERO ELIJO VIVIR CON EL CORAZON
POR ELEGÍ SER DE GIMNASIA

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